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| Las primeras copas de sídra, Oviedo |
Nuestra
primera mañana en Oviedo, la capital de Asturias, era fresca e insólitamente
asoleada. Mi profesor nos dirigió por el centro histórico de Oviedo y nos dijo
que nuestro recorrido iba a terminar a la Calle Gascona, una calle famosa.
Cuando volteamos a la izquierda desde la calle grande Víctor Chávarri, el olor
dulce de manzanas le estremeció a mi nariz. La Calle Gascona era una calle
pequeña con una inclinación muy empinada, y fue pavimentado de ladrillo negro.
Las sidrerías, restaurantes con una especialización de sidra asturiana,
bordeaban ambos lados de la calle.
Con
una sonrisa, mi profesor nos dijo que iba a comprar nuestras primeras copas de
sidra. Miré a mi reloj y fue las 12:30, y yo nunca había bebido alcohol tan
temprano. Pero cuando miré a las mesas afueras que ya estaban llenas de
personas, recordé mi actitud escogida hacia viajar. Cuando estás en Roma, haz
lo que hacen los romanos.
Llegamos
a la sidrería y nuestra mesera llevó una bandeja tan grande como dos platos.
Estaba llena de botellas verdes de sidra que centellaban en la luz del sol. Yo
miraba con mucha sorpresa mientras nuestra mesera demostró la técnica correcta
de echar y beber la sidra. Agarró una de las botellas muy altamente de su
cabeza y un chorro de líquido de color ámbar se cayó en la copa. La mesera no
derramó ni una gota. Inmediatamente de echar la copa, bebió la cosa entera de
un trago. Me puse nerviosa: nunca había bebido un chupito de nada.
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| A la casa de mis abuelos españoles |
La
mesera me dio una copa de sidra. Mientras contemplar la bebida, repetí en mi
mente el modismo: Cuando estás en Roma,
haz lo que hacen los romanos. Respiré profundamente, incliné mi cabeza y
bebí mi copa entera como había hecho la mesera. La sidra burbujeaba alegremente
mientras la tragué y hizo picor de mi garganta. Era un poco amarga, pero el
sabor de las manzanas era más fuerte que cualquier otro. Pensé que la sidra era
absolutamente deliciosa y cuando todas las estudiantes en el grupo la habían
probado, yo fui la primera persona que pedí otra copa. Tuve otros encuentros
con la sidra durante mi viaje, incluso la vez que mi abuelo español me dijo que
yo bebía la sidra como una asturiana. También aprendí cómo “echar los culínes”
de sidra antes del fin del viaje.
Por
la mayoría de mi vida, no entendía totalmente la ventaja de ser parte de su
entorno. Pero probar la sidra en Asturias me ayudó a ver la lógica del modismo
de “Cuando estás en Roma.” Experimentar la sidra como debe ser experimentado la
hizo una cosa muy nueva para mí. Además de eso, beber la sidra como un local
fue una pieza pequeña del patrimonio regional de Asturias. La sidra probó que
“hacer lo que hacen los romanos” da una vista especial de la comunidad que
visitas.


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