Tuesday, May 12, 2015

Lección 2: Haz un gran esfuerzo de fe.

           Nuestro mesero nos enumeró una lista larga de platos de los que podíamos escoger. Entendí la mayoría de los nombres, pero había uno cuyo nombre no podía traducir: carrilleras. Pregunté a mi profesor si supiera lo que eran las carrilleras. Miró a las otras estudiantes y susurró en mi oreja, “No quiero decirlo. Es probable que todas las estudiantes van a pensar que es asqueroso.”
            “Puedes decirlo a mí,” contesté, pero mi profesor me dijo que no iba a decir nada hasta que yo hubiera comido el plato. Yo estaba curiosa y dije al mesero con confianza que quería las carrilleras. Mientras que el mesero salió la estudiante a la derecha me preguntara qué yo había pedido. Cuando le dije que no estaba completamente segura, me miró con mucha sorpresa y dijo, “Así, ¿vas a comer algo sin saber lo que es?”
            “Sí,” contesté alegremente.
            20 minutos después llegaron mis carrilleras. Cuatro trozos de carne estaban en mi plato, empapados en una salsa marrón rica. Admito que tenía un poco de un presentimiento ominoso cuando aticé a la carne con mi tenedor. Piezas pequeñas de la carne deslizaron inmediatamente del trozo, un signo bueno. Comí un poquito, y tocó a mi lengua la carne más tierna que había comido en toda mi vida. Pareció a derretir el momento que llegó a mi boca. Dentro de cinco minutos un trozo entero había desaparecido, y todas en mi zona de la mesa habían probado la carne deliciosa.
Carrilleras de ternura, Madrid
            Mientras que empecé con el segundo trozo, mi profesor llegaba y me preguntó si me gustara las carrilleras. Dije sí y le pregunté si ahora me pudiera decir qué eran. Su sonrisa aumentó y dijo, muy alto para que toda la mesa oyera, “Son las mejillas de una vaca.” Todas las estudiantes en mi zona rieron (yo también) y continuamos comiendo la carne.

            Las carrilleras me enseñaron algo importante. No tenía ninguna idea qué eran y quería saber, y por eso las pedí. Al final de mi viaje me di cuenta que las carrilleras fueron uno de mis platos españoles favoritos. Es posible que no las habría probado si hubiera sabido qué eran antes de comerlas. Las carrilleras me demostraron que a veces, es mejor no hacer preguntas y hacer un esfuerzo de fe. Esas acciones pueden llevar una persona a comida verdaderamente maravillosa.

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