Nuestro
mesero nos enumeró una lista larga de platos de los que podíamos escoger.
Entendí la mayoría de los nombres, pero había uno cuyo nombre no podía
traducir: carrilleras. Pregunté a mi profesor si supiera lo que eran las
carrilleras. Miró a las otras estudiantes y susurró en mi oreja, “No quiero
decirlo. Es probable que todas las estudiantes van a pensar que es asqueroso.”
“Puedes
decirlo a mí,” contesté, pero mi profesor me dijo que no iba a decir nada hasta
que yo hubiera comido el plato. Yo estaba curiosa y dije al mesero con
confianza que quería las carrilleras. Mientras que el mesero salió la
estudiante a la derecha me preguntara qué yo había pedido. Cuando le dije que
no estaba completamente segura, me miró con mucha sorpresa y dijo, “Así, ¿vas a
comer algo sin saber lo que es?”
“Sí,”
contesté alegremente.
20
minutos después llegaron mis carrilleras. Cuatro trozos de carne estaban en mi
plato, empapados en una salsa marrón rica. Admito que tenía un poco de un presentimiento
ominoso cuando aticé a la carne con mi tenedor. Piezas pequeñas de la carne deslizaron
inmediatamente del trozo, un signo bueno. Comí un poquito, y tocó a mi lengua
la carne más tierna que había comido en toda mi vida. Pareció a derretir el momento
que llegó a mi boca. Dentro de cinco minutos un trozo entero había
desaparecido, y todas en mi zona de la mesa habían probado la carne deliciosa.
![]() |
| Carrilleras de ternura, Madrid |
Mientras
que empecé con el segundo trozo, mi profesor llegaba y me preguntó si me
gustara las carrilleras. Dije sí y le pregunté si ahora me pudiera decir qué
eran. Su sonrisa aumentó y dijo, muy alto para que toda la mesa oyera, “Son las
mejillas de una vaca.” Todas las estudiantes en mi zona rieron (yo también) y
continuamos comiendo la carne.
Las
carrilleras me enseñaron algo importante. No tenía ninguna idea qué eran y quería
saber, y por eso las pedí. Al final de mi viaje me di cuenta que las
carrilleras fueron uno de mis platos españoles favoritos. Es posible que no las
habría probado si hubiera sabido qué eran antes de comerlas. Las carrilleras me
demostraron que a veces, es mejor no hacer preguntas y hacer un esfuerzo de fe.
Esas acciones pueden llevar una persona a comida verdaderamente maravillosa.

